Por Ewa Wojciechowska (Sociedad Psicoanalítica Polonesa)

 

Con gran pesar me enteré de la muerte en febrero del pasado año de Terrtu Eskelinen de Folch. En los años 1991-1995, como presidenta de la Federación Europea de  Psicoanálisis y en colaboración con Hans Groen-Prakken y Lars Sjogren, ayudó mucho a los médicos con conocimientos de psicoanálisis en Polonia (donde recientemente se había acabado el comunismo) a que pudieran integrarse a la comunidad psicoanalítica internacional y el grupo de estudio polaco se fundó finalmente en 1997.

Terrtu entendía muy bien lo que implicaba vivir bajo un régimen dictatorial, puesto que en su juventud había luchado por los valores democráticos durante la dictadura franquista.

Imagen de Terttu Eskelinen

Terttu Eskelinen

Fue entonces cuando la conocí. Terrtu entendía muy bien lo que implicaba vivir bajo un régimen dictatorial, puesto que en su juventud había luchado por los valores democráticos durante la dictadura franquista. También sabía lo que significaba empezar un nuevo grupo psicoanalítico porque fue una de las fundadoras de la Sociedad Española de Psicoanálisis en Barcelona. Además, en los años 90 fue una de mis primeras supervisoras.

 

Recuerdo bien la supervisión con ella, durante la cual nos sumergíamos en una discusión profunda sobre el paciente y había una enorme comprensión y aceptación de la naturaleza humana. Tenía una calidez natural y una mente extremadamente perspicaz, indefectiblemente centrada en cada matiz del inconsciente del paciente y en lo que ocurría en la consulta. De ella empecé a aprender a «leer el inconsciente». Había una enorme diferencia entre nosotras: ella era una figura destacada del psicoanálisis y una gran defensora del pensamiento kleiniano, mientras que yo estaba dando mis primeros pasos en la profesión. Pero desde el primer momento me habló no sólo como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo, sino también como si yo fuera su colega más joven.

Tenía una calidez natural y una mente extremadamente perspicaz, indefectiblemente centrada en cada matiz del inconsciente del paciente y en lo que ocurría en la consulta.

Fue una de los analistas que apoyó que me hiciera miembro directo de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). Más tarde fue ella quien, conociendo nuestra amplia experiencia en el análisis de niños, animó a un grupo de analistas polacos a solicitar a la IPA el estatus de psicoanalistas de niños y adolescentes. Entonces ella era vice-presidente de la IPA.

Recuerdo especialmente una de las supervisiones. Era en 1991 en la ciudad de Pultusk durante el III Seminario de la EPF de la Europa del Este. Uno de los días de la conferencia habíamos quedado después de cenar, pero Terrtu se disculpó en el último momento. Había surgido con urgencia una reunión de la junta de la EPF. Entonces sugirió que nos viéramos para desayunar en su habitación al día siguiente y hablar de mi paciente. Me acuerdo que le dije, dudosa: “Hmm, desayunar con usted, hablar del paciente y todo esto en francés… me temo que será demasiado para mí”. Ella se rió y, cuando a la mañana siguiente nos vimos, me estaba esperando otra sorpresa. Me abrió la puerta Alain Gibeault, que se unió a nuestro desayuno. Aparentemente estaban los dos hablando de algo antes de mi llegada y en ese momento era vicepresidente de la EPF. La supervisión se convirtió rápidamente en una discusión fascinante entre ellos dos sobre mi paciente y yo escuchando con un interés enorme. Y como Gibeault fue un freudiano convencido, además con un enfoque francés, la discusión fue muy interesante. Después de hora y media, me dieron las gracias y me despedí con hambre, por supuesto, porque no había podido ni probar el desayuno. Pero también locamente hambrienta de aprender sobre el psicoanálisis. Esta sensación me sigue acompañando hoy en día.

Terttu Eskelinen estará siempre en mi recuerdo y le estaré siempre enormemente agradecida.

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