Por Maribel Iglesias y Francesca Spanò

 

El 22 de mayo se celebraron las XXVIII Jornadas de Analistas en Formación del Instituto de Psicoanálisis de la SEP, bajo el título “Pluralidad de experiencias en la intervención con pacientes online”. Después de más de un año desde el inicio de la pandemia, en el que nos hemos visto trabajando de manera online, se planteó este encuentro como un espacio de intercambio de las experiencias en nuestro trabajo clínico virtual y como una oportunidad para pensar juntos los diferentes aspectos implícitos en esta modalidad. Se presentaron tres experiencias clínicas de tratamientos que se iniciaron durante la pandemia y que, por este motivo, han acabado utilizado el medio virtual.

 

 

Maribel Iglesias nos habló de su experiencia con una psicoterapia infantil que lleva a cabo de manera exclusivamente online, bajo el título: “¿Es posible establecer una vinculación en psicoterapia online con niños con trastorno del espectro autista?”, exponiendo que la pantalla ofrece un “espacio intermedio” facilitador para este tipo de niños.

 

José Carlos Rodríguez, con su presentación titulada “Transferencia en la terapia con un adolescente”, compartió su experiencia de una psicoterapia que empezó presencialmente (previo a la pandemia) y que ha ido alternando la modalidad online y presencial en función de la situación externa y de las necesidades clínicas del paciente.

Francesca Spanò, con su trabajo titulado “Reflexiones sobre el uso del medio online en un caso de análisis: un puente entre cercanía y lejanía”, planteó unos interrogantes para reflexionar sobre los aspectos defensivos, así como de facilitación, que pueden darse con el uso de la pantalla.

El debate giró en torno a los aspectos facilitadores y las limitaciones de este tipo de tratamientos. Si bien la pandemia nos abocó al uso de los tratamientos online, posibilitando el iniciar o el dar continuidad a los tratamientos, también nos generó nuevos interrogantes sobre cómo nos relacionamos y estructuramos las nuevas relaciones. La pregunta clave es: ¿Qué análisis y tratamiento pensamos en función de qué paciente?

En algunos casos, según la persona, se ha observado que la atención online puede permitir cierta facilidad para conectar con aspectos de la propia personalidad. Así mismo, la distancia intermedia que ofrece la pantalla facilita la vinculación y la emergencia de ciertos aspectos que en la consulta necesitan más tiempo para poder ser expresados. Es indudable que el formato online proporciona un elemento de flexibilidad, permitiendo realizar sesiones que, por temas de movilidad, no se podrían llevar a cabo: a veces el trayecto que no puede hacer el paciente, lo ha de hacer el terapeuta.

Aun así, la pantalla implica, en primer lugar, una perdida corporal, acompañada de la ausencia de los canales sensorio-perceptivos, algo que es importante tener presente. El medio online también puede implicar restricciones emocionales y relacionales que tienen que ver con las propias defensas y el inconsciente de la persona. El paciente, no desplazándose físicamente para la sesión, pierde un importante momento de introspección para pensar en sí mismo y contactar con su propio mundo interior.

Tras un enriquecedor debate sobre las diferentes posibilidades y realidades, tanto de los profesionales como de quien acude a consulta, nos despedimos con el claro convencimiento de la necesidad de un espacio común de pensamiento y de un sentido común alrededor del formato online que nos una y nos proporcione una guía a la hora de trazar nuevos caminos.