Por Llúcia Viloca y Maribel Iglesias

 

Creativa y pionera, Júlia Coromines nació en Barcelona en octubre de 1910 en el seno de una familia acomodada, de nivel cultural alto y con un fuerte compromiso político. Se licenció en Medicina y Cirugía en la Universidad de Barcelona en 1934 y se formó en el servicio de pediatría del Hospital de Sant Pau, encabezado por el Dr. Martínez García. El inicio de su ejercicio profesional coincidió con la República catalana (1931-1936) y, durante aquellos años de grandes cambios sociales y políticos, ejerció como “médica de guardería”. En abril de 1938 acompañó al exilio a París a su padre, que entonces era presidente del Consejo de Estado de la Generalitat de Cataluña..

Júlia Coromines de jovenDurante su estancia en la capital francesa cursó la diplomatura de Puericultura en la Facultad de Medicina de la Universidad de París y permaneció allí hasta que empezó la Segunda Mundial en septiembre de 1939. En octubre de ese mismo año, el famoso poeta Pablo Neruda (entonces cónsul de Chile en Buenos Aires) facilitó el pasaje a toda su familia para que emigraran a Argentina, donde acabó muriendo su padre. Júlia Coromines trabajó entre 1939 y 1944 en la clínica para los empleados de la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), donde dirigió colonias de vacaciones para los hijos de los trabajadores a Necochea (una ciudad ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires). Al mismo tiempo, de 1942 a 1944 se dedicó a realizar trabajos psicométricos con el Dr. Emili Mira.

 

Júlia Coromines volvió a España en 1944, primero a Madrid y después a Barcelona para hacer el doctorado. En aquella época trabajó en el Instituto Médico Barcino y en el Hospital del Sagrado Corazón. También inició contactos con otros jóvenes psiquiatras barceloneses interesados por el psicoanálisis. En 1947 consiguió una beca del Consejo Británico para estudiar psiquiatría infantil clínica e institucional. En Londres siguió cursos de la clínica Tavistock, donde se relacionó con J. Bowlby y E.Bick, entre otros. Allí descubrió el psicoanálisis, su gran vocación, así como la posibilidad de seguir la formación en Francia o en Suiza. En 1949, de vuelta a Barcelona, entró a trabajar en el servicio de neurología del Hospital del Sagrado Corazón con el Dr. Subirana.

En 1950 asistió junto con P. Bofill y P. Folch al Congreso Mundial de Psiquiatría en París, donde conoció a Anna Freud y Melanie Klein. Allí se entrevistaron con la Comisión de Enseñanza de la Sociedad Psicoanalítica de París (Nacht, Lacan, Bouvet, Cenac, Schlumberger, etc) para continuar su formación psicoanalítica. Júlia Coromines, P. Bofill, P. Folch y otros colegas psicoanalizados en Suiza fundaron en la década de 1950 el grupo Luso-Espanyol de Psicoanálisis, reconocido por la API en el Congreso de Copenhague de 1959. Posteriormente, cada territorio constituyó su propia sociedad.

Júlia Coromines de jovenJúlia Coromines realizó su formación en el Instituto de Psicoanálisis de París entre 1953 y 1957. Empezó su primer análisis personal en Madrid con Margarita Steinbach (miembro de la Sociedad de Psicoanálisis de Alemania y alumna de W. Kohler y K. Lewin), aunque quedó inacabado por la muerte prematura de su analista. En 1955 se vio obligada a trasladarse de nuevo a París para iniciar su segundo análisis con M. Isla Bouvet (psiquiatra de la Sociedad de Psicoanálisis de París). Esto duró hasta mayo de 1957 y, durante este tiempo, trabajó en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière con el Dr. R. Diatkine y el Dr. S. Lebovici.

En 1958, en pleno franquismo, se realizó en Barcelona el IV Congreso Mundial de Psicoterapia, donde participaron entre otros F. Alexander, R. Diatkine, J. Lacan, J. Short, P. Bofill y Júlia Coromines. El artículo que presentó se titulaba “Consideraciones del psicoanálisis de una enfermedad fóbica”. Ese mismo año impartió un seminario sobre psicoanálisis de niños en la Cátedra de Psiquiatría de Barcelona del Dr. Zurrón. Posteriormente, siguió colaborando en esa cátedra e impartió otros seminarios junto con el Dr. Folch y Camarassa, el Dr. Bassols y el Dr. Belmonte.

Júlia Coromines empezó su tercer análisis personal en 1962 con Salomón Resnik. En 1965, coincidiendo con el traslado de su analista a Londres, realizó viajes quincenales con P. Folch y ella los mantuvo hasta 1970. Fue presidenta de la SEP entre 1971 y 1977. Asimismo, en 1971 fue una de las fundadoras del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona y también del de Madrid.

El 1984, junto con el Dr. Folch, empezó a publicar la Revista Catalana de Psicoanálisis y ejerció como directora. Paralelamente, ambos fueron los impulsores del curso o máster de Psicoterapia Psicoanalítica en la Institución Pública (PPIP), del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica (CEPP) en contacto con la Clínica Tavistock y de los inicios de la actual Asociación Catalana de Psicoterapia Psicoanalítica (ACPP). En 1995 dejó la práctica clínica y se dedicó exclusivamente a la supervisión y docencia hasta su muerte en 2011.

Júlia Coromines no solo influyó a psiquiatras infantiles, sino también a pediatras, neuropsiquiatras infantiles, rehabilitadores, psicólogos y pedagogos porque fue pionera en el seguimiento de todos los autores que conocía en profundidad y los fue incorporando sin renunciar ni contraponer los unos con los otros. Además, fue una gran conocedora de Klein, seguidora de Tustin y de autores postkleinianos (como Bion o Winnicott), y también experta en neurosis, psicosis y ansiedades esquizoparanoides.

Las personas que pudieron supervisar con Júlia Coromines (pacientes con diferentes edades, patologías y finalidades terapéuticas) destacan su forma de trabajo. Tenía un amplio conocimiento de la psicopatología, del proceso evolutivo del niño normal y del pensamiento psicoanalítico, sobre todo de las herramientas y técnicas que cada autor le sugería a partir del material clínico. Cuando supervisaba, enseñaba “como lo cocinaba”. Es decir, explicaba cómo iba haciendo una trenza de estos tres ejes mencionados anteriormente, con el objetivo de llegar a comprender la situación del paciente y de encontrar la forma de hacerse entender. Por este motivo estaba muy atenta a su respuesta. Comentaba que había interpretaciones muy adecuadas y buenas para el analista, pero que no llegaban al paciente, que no las entendía o que reforzaban las defensas.

Dra. Júlia Coromines

Bion coge toda su amplitud en el trabajo de Júlia Coromines porque se acercaba al paciente sin “pre-juicios”, observaba, hacía una hipótesis y se preguntaba: «Y ahora ¿cómo le podemos hacer llegar porque también tenga sentido para él y pueda hacerla suya?». Esta también era su actitud hacia el supervisado porque nunca tuvo una actitud desvalorizadora, todo lo contrario. Su actitud era de observancia benevolente, abría ventanas y observaba como el supervisado lo captaba. En ciertas ocasiones podía decir: «Esto ya lo volveremos a encontrar». Otras veces, si el supervisado se decepcionaba por no haber visto tal cosa, ella con un tono amable acostumbraba a decirle: «Esto mañana ya no tendrá el mismo efecto». El supervisado notaba cómo Júlia Coromines sentía una gran satisfacción cuando observaba un cambio, aunque fuera incipiente, en el juego de ansiedades y defensas. Para ella la modificación del síntoma no era un objetivo, pensaba que si había evolución eso ya se daría.

Queremos hacer especial énfasis a las últimas aportaciones de Júlia Coromines. Nos referimos a su trabajo a partir de la mitad de la década de 1980 y de la década de 1990, cuando tuvimos la oportunidad de trabajar estrechamente con ella. En esos años se dedicó a la investigación psicoanalítica de los aspectos más primitivos de la mente humana, el llamado psiquismo primitivo. Captó los aspectos más sensoriales al inicio de la formación del “yo” a través del contacto clínico con niños con autismo y niños con parálisis cerebral. Este recorrido clínico y técnico le permitía captar los diferentes niveles de simbolización del paciente, en especial cuando no se daba esta simbolización porque el paciente estaba a un nivel sensorial (sensorialidad integrada o no integrada). Fruto de esta investigación, en 1991 publicó su libro “Psicopatología y desarrollo arcaicos”, un ensayo donde describe los niveles sensoriales a tener en cuenta para explorar el psiquismo primitivo. El capítulo once de esta obra está dedicado a clasificar los diferentes niveles de respuestas sensoriales que se pueden encontrar en el paciente.

Dra. Júlia Coromines

El hecho de profundizar e investigar en el transcurso de los tratamientos con niños autistas (principalmente en el paso de la autosensorialidad a la comunicación y simbolización) hizo que Júlia Coromines se adentrara en el estudio de la sensorialidad del bebé. Sobre todo, en cómo las primeras sensaciones corporales se hacían conscientes y se convertían en un elemento iniciador del proceso simbólico cuando se conectaban con la emoción surgida de la interrelación. Siguiendo a Tustin, desarrolló la detección de las equivalencias sensoriales. Esto le permitió desarrollar una técnica para el tratamiento de niños con trastornos del espectro autista llamada Esquema Psicopedagógico en su libro anteriormente mencionado. Un método que hoy está avalado por estudios científicos de Klin y Jones (2007) sobre el desarrollo del simbolismo.

Su comprensión de los niveles sensoriales de contacto-relacionales no solo sirvió al desarrollarse una técnica psicoanalítica para abordar el autismo y los núcleos autísticos con pacientes neuróticos, sino también para llegar a acceder al psiquismo primitivo de todo tipo de pacientes en el transcurso de la cura psicoanalítica. Esto ha permitido tener un mejor acceso (en un psicoanálisis) a los niveles que Bion denominaba “protomentales”.

A partir de 1982, Júlia Coromines (acompañada muchas veces por el Dr. Aguilar, el Dr. Ponces y la Dra. Roldan) inició su trabajo con diferentes grupos de psicoanalistas y psicoterapeutas en centros universitarios italianos y centros de investigación psicoanalítica de ese país, en ciudades como Milán, Roma, Perugia, Venecia y Bérgamo. En homenaje a su persona y a sus contribuciones teóricas, en 1998 le dedicaron el número 25 de la revista Quaderni di Psicoterapia Infantile con el título de “Sensorialità e Pensiero?”. En noviembre de 2010, la SEP le hizo un tercer Homenaje en motivo de su centenario y en 2011 la Revista Catalana de Psicoanálisis publicó algunos artículos después de su muerte en el volumen 28 número 1. En marzo de 2018, la SEP celebró la primera edición del Premio Dra. Júlia Coromines.

Dra. Júlia Coromines