Por David Moreu

La poesía como herramienta para expresar emociones y entender el mundo que nos rodea. Esta aproximación al arte de los versos no está muy alejada de la práctica psicoanalítica y quizá demuestra que ambas disciplinas son más complementarias de lo que podría imaginarse a simple vista. Coincidiendo con el Día Mundial de la Poesía, hemos conversado con Jordi Sala i Esperança Castell, dos psicoanalistas de la SEP que han encontrado el tiempo y el espacio necesarios para publicar libros de poesía, cada uno con su estilo inconfundible. Una entrevista a cuatro manos donde las experiencias pasadas, el presente más intenso y el sueño del futuro se cruzan con espíritu crítico y voluntad creativa.

 

¿En qué momento se cruzó la poesía en su vida y qué sensación le generó ese descubrimiento? 

Fotografia Jordi Sala[Jordi Sala] La poesía se encuentra dentro de la persona desde el mismo comienzo de la existencia. El bebé, cuando queda impactado y embelesado ante los ojos de la madre, vive poesía. Madre y bebé son y hacen poesía viva. Yo diría que la poesía es una actividad transformadora de impactos y de experiencias de relación, tratando de proteger y expresar la belleza que contienen. Me refiero a la belleza contenida en las tribulaciones de vivir expresada de manera creativa en un lenguaje, ya sea verbal, cinético, visual, auditivo o gustativo. La poesía protege la belleza (en sentido amplio) de todos los contratiempos y agitaciones que la amenazan. Cuando el adolescente se siente cautivado por una presencia que, de repente, lo llena de emoción y busca entender y expresar este hecho está haciendo poesía. Entonces puede ser que se ponga a escribir, a componer, a danzar, a pintar o a cantar y que así entre en otra dimensión poética. En definitiva, podríamos hablar de una función poética de la personalidad. Y para responder más específicamente a la pregunta puedo decir que el primer contacto consciente con la poesía escrita fue el impacto que me causó, en mi primera adolescencia, encontrar un poema de Salvatore Quasimodo, que él mismo había compuesto a los 16 años: “Cada cual está solo encima del corazón de la tierra traspasado por un rayo de luz. Y, de repente, viene la noche”. Un poema breve y poderoso que literalmente me traspasó.

 

¿Recuerda el momento en que decidió pasar de ser lectora de poesía a escribir sus propios versos? ¿Qué necesitó para dar el paso? 

Fotografia Esperança Castell[Esperança Castell] Pasaron muchos años hasta que no fui lectora habitual de poesía. Pero, desde pequeña, esta me llegó cantada por mi madre con las primeras canciones, aprendidas cuando las tocaba al piano. Esta tradición musical y poética continuó en las décadas de los 60 y 70 con los cantautores que sentía como un alimento del alma. Puedo mencionar a Joan Manel Serrat, Raimon, Mª del Mar Bonet, Lluis Llach, Marina Rossell o Paco Ibáñez. Todos ellos dieron a conocer al público grandes poetas como Salvat-Papasseit, Machado, Miguel Hernández, Ausiàs March, Espriu, Màrius Torres o Bartomeu Rosselló Porcel. Las letras mismas de las canciones que componían estaban empapadas de poesía. Era un tiempo de muchos estudios, de trabajo dentro y fuera de casa, con los hijos pequeños. No me quedaba espacio para leer libros que no fueran de conocimientos profesionales. El verano de 2001, cuando ya trabajaba como psicoanalista, leí la obra poética completa de Joan Vinyoli, que me cautivó, y asistí al primer simposio Joan Vinyoli en Santa Coloma de Farners. Creo que fue aquel año cuando aumenté mi compromiso con la poesía escribiendo también ocasionalmente. Pero sentía que necesitaba aprender el oficio y tuve la suerte de asistir a los talleres que dirigía el poeta Francesc Parcerisas en el marco de la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés. La primera publicación, “Negre y Fil” (Montflorit 2011), la hice en motivo de la celebración de mi sesenta cumpleaños. El motivo principal era compartir los poemas con la familia, los amigos y compañeros, además de llegar a nuevos lectores con la esperanza de que también sus comentarios me ayudaran a progresar en este camino de aprendizaje que es la poesía.

 

Como psicoanalista, ¿ha tenido alguna vez la necesidad de recurrir a la poesía para entender el que sucede a su alrededor? ¿Podríamos entender el arte y la lectura como terapia?

[Jordi Sala] Para entender qué sucede en nuestro entorno necesitamos contacto y reflexión. En general solemos construir una verdad nuestra sobre lo que sucede y nos sucede. Pero esta verdad que da sentido a lo que vivimos la tenemos que contrastar con la verdad de los otros. Entender lo que sucede es dialogar sin cesar dentro de nosotros mismos y con los demás. La poesía, como expresión de una búsqueda de verdad, es necesaria para entender. Pero, está claro, la poesía puede tener múltiples expresiones y destinos: puede ser un arma revolucionaria, una herramienta para despertar conciencias o desconcertarlas, una manera de divertirse o una manera de entrar en contacto con la elaboración de sentimientos y experiencias más o menos complejas. Y, naturalmente, puede ser también una forma de terapia. No sé si la poesía consuela o cura, pero puede ayudar a reparar procesos que no funcionan dentro de las personas y entre las personas. También puede contribuir a una función parecida dentro de la comunidad.

 

¿Sería muy osado afirmar que existe una relación entre el arte de escribir poesía y la vertiente más personal del psicoanálisis?

[Esperança Castell] Si lo hablamos en términos de funciones, te diría que hay una función psicoanalítica y otra de poética en la personalidad humana. Esto es lo que hace que el analizado experimente que aquello que le dice el analista es útil y que acepte recorrer con él o ella un camino de investigación y de tratamiento. Del mismo modo, cuando al lector de poesía le llega un poema, en el mejor los casos siente que aquello que dice también le concierne y lo encuentra expresado con belleza. Una belleza que no está únicamente en el autor del poema, sino también en los ojos y el corazón del lector. Si no fuera así, poeta y lector no se encontrarían. Personalmente, tener un entrenamiento psicoanalítico ha contado como punto de partida para escribir poesía con el fin de mejorar la receptividad hacia las propias sensaciones, las intuiciones, las emociones y para ser más capaz de observar de fuera hacia adentro y de dentro hacia fuera. Pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que el camino que he seguido sea necesariamente el mismo para otros poetas.

 

En su libro titulado “L’instant obert” (El instante abierto) utiliza las formas poéticas japonesas del haiku y la tanka. ¿Por qué le despierta fascinación la cultura oriental?

[Jordi Sala] ¡La cultura oriental es muy basta, rica y compleja! Cuando aquí todavía no hablábamos catalán, los chinos ya hacía siglos que escribían poemas maravillosos. También nuestros clásicos griegos y latinos, está claro. Por lo que yo sé, las formas clásicas de la poesía japonesa (el renga, el haiku y la tanka) evolucionan desde la poesía china y cogen más relevancia en el Japón de los siglos XVI y XVII a partir del cultivo que hacen monjes y pensadores budistas. Llegué al haiku y a la tanka después de la fascinación que me produjeron las “Tankes de les quatre estacions” (Tankas de las cuatro estaciones) de Carles Riba. Estas modalidades poéticas, muy presentes en la poesía europea y también en la catalana desde finales del siglo XIX, constriñen el verbo brillante y abundante más habitual en nuestras latitudes. Escribir lo que tienes que decir en solo 17 o 34 sílabas es el reto y la gracia. Y después, enseguida te das cuenta de que la forma sobria y concisa dentro de la cual te has encajonado en realidad ha hecho aparecer significados nuevos e insospechados.

 

En una entrevista comentó que “La realidad es misteriosa y que la poesía bebe de esta fuente”. ¿Cree que escribir le ha permitido entender mejor el mundo que nos rodea?

[Esperança Castell] Escribir poesía supone ir poniendo a punto el instrumento personal descrito hace un momento. Cuando hablo de “misterio” no me refiero al sentido religioso, sino que recojo la acepción segunda del DIEC: misterio es aquello que acontece de una manera incomprensible. Ahora me vienen a la cabeza unos versos. En “Interioridad”, la voz poética se pregunta: “¿Y como han florecido las ramas? / Quizá los pájaros hambrientos por el largo invierno / las han despertado; quizá / ¿las desvela tu mirada?”. A “Hanami en Masquefa” podemos leer: “Cuando la fiesta se acaba / me llevo las preguntas a los ojos, y el misterio, a las palmas de las manos”. Las preguntas que nos hacemos y el misterio que la voz poética se lleva en su camino vital es consustancial al hecho poético. Es la actitud opuesta a la de acumular certezas y creer que el conocimiento se puede poseer. El lector verá que esta disposición de no saber y de tolerar la incertidumbre es también la que resulta provechosa para el analista en el trabajo clínico.

 

Siguiendo con esta aproximación a la cultura oriental, ¿qué cree que el psicoanálisis y el mundo de la salud en general pueden aprender de sus tradiciones milenarias?

[Jordi Sala] Volviendo a las formas poéticas japonesas y centrados en su forma más breve, diría que el haiku, fiel al espíritu zen, tan solo insinúa un movimiento del alma, una emoción huidiza, sin casi nombrarla. No deja de ser un tipo de aclaración pasajera. Se podría decir que el psicoanalista trabaja con este espíritu: captar la emoción naciente y huidiza, ponerle nombre y facilitar su puesta en escena dentro de la sesión para, en caso de ser posible, ponerle luz. Y hacer todo esto de manera concisa. Ahora bien, tratando de barrer hacia casa, creo que dentro de las tradiciones milenarias hay un espíritu que traspasa generaciones y que tiene que ver con preguntarse y explorar el sentido y las verdades de la experiencia vital humana. Las tradiciones hacen hincapié en unos aspectos u otros, pero hay algo constando que tiene relación con la necesidad de entender los hechos básicos de la existencia. Esta es la materia de la que se ocupa el psicoanálisis. Me permito remitir el lector a un artículo mío titulado “Fascinació del haiku: Un tast d’eternitat i d’efímer” que se publicó a Monografías de Psicoterapia, Psicoanálisis y Salud Mental explorando la cuestión de la interfaz entre psicoanálisis y tradición poética japonesa.

 

¿Podría seleccionar algunos versos propios que ilustren este momento de grandes cambios personales y colectivos que estamos viviendo?

[Esperança Castell] A toda la humanidad nos incumben los cambios que estamos experimentando. Pensamos en la crisis climática y el riesgo que corre nuestro planeta para hacerlo compatible con la vida. Las diferentes crisis sociales han hecho a pedazos la fantasía occidental, hasta hace poco generalizada, referida a que el progreso sería continuado y sin fin. Nos hemos encontrado con que esto no es así. Gran parte de la población sufre un alto nivel de pobreza, exilios y migraciones, y las desigualdades son cada vez mayores. Hace unos cuatro años publiqué en “Blau argila” el poema “Condició pòstuma”, un título inspirado en los trabajos de Marina Garcés. Ahora nos enfrentamos a la pandemia del Covid-19 con millones de contagiados y muertos. Leída con ojos de hoy, la imagen de la tormenta en el poema, también podría referir-se a esta crisis mundial que vivimos. En los dos versos finales se recoge la esperanza de que el pájaro, que nos representa a todos, sea capaz de hacer un nuevo relato e ir trabajando para un mundo habitable para todos. Aquí podéis leer la traducción del catalán que hizo Carlos Díez, un poeta y amigo

En un cielo transparente, tiembla el pájaro

al paso del águila.

Se adentra en la espesura del ramaje

con la esperanza de un futuro mejor.

 

De pronto, una tempestad imprevista

nos sobrecoge.

Una fuerza secular destruye el bosque

y, temerosos, cerramos las ventanas.

Los árboles, impotentes, yacen en tierra.

La desolación dibuja por sí misma

la geografía del abismo:

se quiebra el hilo

de un tiempo ilimitado.

Las almas se inquietan,

engullimos la tierra quemada,

la luz del alba y el crepúsculo.

 

Un pájaro se acerca con dignidad al aguazal

y bebe un poema inacabado.

 

¿Podría seleccionar un haiku y una tanka de cosecha propia que sirvan de reflexión para este momento de grandes cambios sociales que estamos viviendo?

[Jordi Sala] No sé decir si los que ahora se me ocurren son apropiados para reflexionar sobre los cambios sociales actuales. Pero estos dos haikus y esta tanka pueden servir.

 

Terra soferta:

les veus amb què gemegues

prou que ens avisen.

 

Rebrot d’alzina

incendiada. Força

de rels pregones.

 

                                              Nàufrags africans

De la barbàrie

i de la fam fugien.

Passaven pena.

Un mar vell se’ls quedava.

Ningú més no els voldria?

 

Tierra sufrida:

las voces con que gimes

bastante que nos avisan.

 

Rebrote de encina

incendiada. Fuerza

de raíces profundas.

 

                                           Náufragos africanos

De la barbarie

y del hambre huían.

Pasaban pena.

Un mar viejo se los quedaba.

¿Nadie más los querría?