Por David Moreu

 

Vivimos un momento de grandes avances científicos que permiten que los investigadores se adentren en nuevas áreas de estudio e incluso que se replanteen diversas teorías que se formularon hace décadas. Además, en el contexto actual se aprecia un aumento de la presencia de mujeres en todos los ámbitos de investigación, un hecho que demuestra que el camino hacia la igualdad de género también es una realidad en sociedades científicas, laboratorios, programas de doctorado y congresos internacionales. Para conocer mejor este panorama hemos entrevistado a Erika Barba-Müller, doctora en neurociencias, psicóloga y psicoterapeuta del Instituto Psicoanalítico de Barcelona (SEP). Una historia de pasión por el conocimiento en la que, tal como ella afirma: “Lo más complicado es concordar el tiempo para conciliar la vida laboral y la maternidad. Por lo demás, se trata de una experiencia muy enriquecedora”.

 

Le propongo remontarnos a los inicios de su trayectoria profesional. ¿En qué momento confluyeron la psicología y el interés por las neurociencias?

La psicología clínica ha sido y continúa siendo mi labor profesional principal, y con las neurociencias me topé por casualidad mientras buscaba becas para formarme como psicoanalista. Vi que el psicoanálisis cuenta con pocas subvenciones y entonces opté por un programa de doctorado en neurociencias para el cuál el gobierno de México me concedió una beca. Con agradecimiento, me propuse hacer un buen uso de esa oportunidad. Más tarde vi que las neurociencias y el psicoanálisis se complementan muy bien. Además, aquella beca me ayudó con los gastos y no tuve que renunciar al psicoanálisis, sino todo lo contrario.

 

El científico y premio Nobel Eric R. Kandel dijo: “Un diálogo genuino entre la biología y el psicoanálisis es necesario si queremos lograr una comprensión coherente de la mente”. ¿Qué cree que su formación como psicoanalista aporta a sus investigaciones?

Partiendo de que cerebro y mente son inherentes (no existe una mente sin un cerebro, ni un cerebro sin una mente) o, dicho de otra manera, que cerebro y mente son el mismo objeto estudiado por diferentes disciplinas, el psicoanálisis aporta a las neurociencias un correlato a nivel de procesos mentales de aquello que se observa a nivel neurobiológico. Y viceversa, las neurociencias están corroborando empíricamente postulados de Freud, como la existencia del inconsciente, la importancia de las experiencias tempranas para el desarrollo y la influencia que tienen las relaciones humanas en nuestra manera de funcionar.

 

La mayor parte de sus publicaciones se centran en el estudio de la neuroplasticidad de la mujer durante el embarazo. ¿Por qué le llama tanto la atención este tema? ¿Qué cosas le han sorprendido más de los resultados obtenidos?

Descubrimos que, durante el embarazo, la mujer experimenta extensos cambios estructurales en áreas cerebrales relacionadas a la cognición social. Además, datos preliminares apuntan a que estos cambios ayudan a la madre a inferir mejor las necesidades de su bebé, promoviendo su supervivencia. Es la evidencia científica de lo que popularmente llamamos “instinto maternal”. Estudiar esta neuroplasticidad de la mujer durante la reproducción es de gran interés para la salud mental, ya que es un periodo donde también el bebé tiene una gran plasticidad cerebral. Es decir, en el puerperio coinciden dos periodos neurobiológicamente muy sensibles: el de la madre y el del bebé. Esta sensibilidad conlleva una mayor capacidad de cambio, de adaptación y de aprendizaje, pero también predispone a la mujer a una mayor vulnerabilidad mental. Es un periodo delicado. Se estima que un 20% de mujeres experimenta depresión o ansiedad, lo cual afecta también a la pareja y especialmente al bebé. El embarazo es un periodo delicado a nivel fisiológico, pero asumimos estos riesgos (diabetes gestacional, preeclampsia, etc.) e incrementamos los cuidados médicos con visitas obstétricas programadas o con asistencia médica durante el parto. De la misma manera, tendríamos que incrementar los cuidados psicológicos durante este periodo. Es costoso, pero puede resultar muy beneficioso a largo plazo.

 

En el trabajo colectivo titulado “El embarazo y la adolescencia conllevan adaptaciones neuroanatómicas similares” afirman que en estos dos periodos de transición de la vida hormonalmente similares se aprecia una reducción duradera del volumen de materia gris cerebral. ¿Qué consecuencias tiene este fenómeno?

La investigación se desarrolló comparando los cambios cerebrales que tienen un grupo de chicas adolescentes, un grupo de mujeres que atraviesan su primer embarazo y un grupo control de mujeres adultas sin hijos. Encontramos que tanto las adolescentes como las madres muestran un patrón de cambio equiparable, lo cual nos permite conjeturar que los cambios cerebrales del embarazo se deben a los cambios hormonales. Me resulta útil equiparar la adolescencia con la maternidad en cinco cuestiones:

  1. Incrementos en hormonas esteroides
  2. Disminución de volumen de sustancia gris
  3. Especialización de ciertas funciones cognitivas
  4. Cierta restructuración de la personalidad
  5. Mayor predisposición a un desequilibrio emocional

También hay diferencias entre ambos periodos, ya que en la adolescencia se “esculpe” toda la corteza y en el embarazo solo unas áreas.

 

En 2020 colaboró en la publicación titulada “Resultados a largo plazo de la psicoterapia psicoanalítica focal en el marco de la asistencia pública” que apareció en Temas de Psicoanálisis. ¿Qué cuestiones deberíamos reconsiderar en la atención que se ofrece actualmente a nivel público?

Deberíamos reconsiderar el tiempo que se emplea en los tratamientos. Muchos servicios acusan disponer de poco tiempo: sesiones cortas (que no llegan a media hora) y muy espaciadas en el calendario. También acusan que los profesionales no cuentan con tiempo suficiente para supervisar su trabajo con el equipo. Parece un lujo, pero no lo es. El tiempo para la psicoterapia es como la luz para la cirugía, resulta esencial. También se debería considerar la propuesta de Tomas Insel: invertir en detección y tratamiento precoz. Es frecuente que las personas consulten a servicios de salud mental cuando aquello que les ocasiona sufrimiento ya es crónico, cuando ya está afectando la vida familiar y laboral, cuando el tratamiento ya requiere más recursos y el pronóstico es menos favorable. En el caso de otras patologías (como el infarto cardíaco, el cáncer o el SIDA), la detección y el tratamiento precoz han sido clave para mejorar significativamente la evolución de la enfermedad. Y esta estrategia es aplicable a la salud mental.

 

¿Es conveniente algún tipo de formación específica para los profesionales de la salud mental que quieren dedicarse a la investigación? ¿Cómo recuerda su experiencia cursando el doctorado en neurociencias?

Creo que lo más conveniente para investigar en salud mental es una estrecha colaboración entre investigadores y clínicos. Generar unos espacios donde se puedan poner en común los métodos de investigación y los procedimientos clínicos. Sobre mi experiencia cursando el doctorado guardo muchos recuerdos. Algunos en compañía de personas con quienes fue un privilegio trabajar, otros en soledad. Momentos de entusiasmo y otros de agotamiento. Además de agradecimiento hacia los participantes y hacia quienes me apoyaron. Fue muy satisfactorio en general, pero tuve también momentos difíciles y de estrés.

 

Vivimos un momento de grandes cambios sociales en términos de igualdad de género e incluso la API ha tenido dos presidentas en los últimos años.  ¿Cómo valora la presencia femenina en el ámbito de la investigación vinculada al psicoanálisis?

Creo que este cambio social también se aprecia en la investigación psicoanalítica. Por ejemplo, el Research Training Programme de la API lleva años encabezado por una mujer, Marianne Leuzinger-Bohleber y cuenta con la colaboración de científicas mujeres como Tamara Fischmann. Otro ejemplo es el Comité de Mujeres y Psicoanálisis (COWAP) también de la API, que fue creado hace más de veinte años con la finalidad de explorar temas de interés para la mujer.

 

El coronavirus está generando unas reflexiones muy potentes en ámbitos sociales y asistenciales. ¿Ha llegado a alguna conclusión personal vinculada a su trabajo y a la investigación?

Comparto lo que dice Jorge Tizón en su libro “Salud emocional en tiempos de pandemia”, que hay que apostar para construir “un humanismo y un ecologismo radical”. La palabra radical no suele gustar demasiado, pero en este momento parece necesaria. Se requiere una alta colaboración mundial para hacer frente a la pandemia y a otros problemas globales como el cambio climático. Teniendo en cuenta que los seres humanos podemos cometer grandes torpezas y causar mucho sufrimiento, también va bien recordar que podemos ser colaboradores y humanitarios. Que, además de las normas sociales, los sistemas jurídicos y religiosos, nuestra empatía y altruismo tienen un cierto sustento biológico: estamos biológicamente programados para conectar con los demás. Desde una perspectiva evolutiva (al contrario de lo que a menudo se piensa, que la evolución fomenta únicamente el egoísmo y la competitividad), la selección natural ha favorecido a aquellos humanos que han podido estar motivados más allá de su propio interés. Desde las neurociencias, diversos estudios de resonancia magnética funcional demuestran que las decisiones pro-sociales, ya sean de tipo altruista o estratégico, implican la activación de áreas cerebrales de recompensa. Es decir, para hacer frente a la pandemia, el desarrollo de una intencionalidad compartida está siendo fundamental y, aunque implica costes personales, también puede evocar sentimientos de satisfacción.

 

Para terminar la entrevista, ¿podría contarnos en qué proyectos está trabajando actualmente y en qué ámbitos le gustaría centrar sus próximas investigaciones?

En la Unidad de Psicoterapia Psicoanalítica de Adultos de la Fundación Sant Pere Claver estamos diseñando el próximo estudio para evaluar los efectos y la efectividad de la psicoterapia psicoanalítica. Estudios previos llevados a cabo en esta unidad indican que es una herramienta efectiva, aplicable en la asistencia publica, que ofrece buenos resultados (estables en el tiempo) y previene la cronicidad. Además, disminuye de manera significativa el consumo de psicofármacos, así como las consultas en servicios públicos de salud mental. Es una línea de investigación importante, pero compleja, porque implica una integración equilibrada de investigación y pericia clínica, estando a la vez en función del paciente.