Por David Moreu

 

El 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) y la Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC). El objetivo es aumentar la concienciación de la gente y movilizar a la sociedad para avanzar en la prevención y el control de esta enfermedad. Aprovechamos esta fecha tan señalada en el calendario sanitario para entrevistar a Nuria Gil (psicóloga, miembro de la SEP y editora de la revista Temas de Psicoanálisis) y conocer su experiencia al frente del proyecto “Acompañados” promovido por la asociación Pulseras Rosas. Una historia personal que demuestra la importancia del apoyo emocional y psicológico durante el proceso oncológico.

 

Le propongo remontarnos a los inicios de su trayectoria profesional. ¿En qué momento confluyeron la psicología y el interés por ayudar a pacientes oncológicos?

Supongo que cuando te dedicas a la práctica clínica, cualquier persona que se encuentre en una situación de vulnerabilidad emocional te interesa. Además, todos tenemos cerca o conocemos a alguien que padece o ha padecido cáncer, en mi caso fue mi padre. Esa experiencia te sensibiliza porque ves de cerca la ansiedad, el miedo y el desamparo que siente el paciente oncológico y te predispone a colaborar cuando surge la oportunidad. Precisamente eso fue lo que me ocurrió. Un día surgió la posibilidad de colaborar en un proyecto dentro de una asociación y me embarqué de inmediato.

 

¿Cuándo empezó su vinculación con Pulseras Rosas y qué objetivos tiene esta asociación a nivel nacional?

Empecé hace casi cuatro años, cuando me propusieron llevar un grupo de apoyo a personas con cáncer y acepté sin pensármelo dos veces. La finalidad de Pulseras Rosas es apoyar a los pacientes oncológicos a nivel nacional. Primero empezaron con el proyecto “Tu pelo vale un tesoro”, que consiste en regalar pelucas a personas que no se las pueden costear. Las pelucas se fabrican con pelo de verdad que dona la gente y no os podéis imaginar las historias tan bonitas que hay detrás de cada donación. Gracias a esa experiencia surgió el proyecto “Acompañados”, que tiene como objetivo dar respuesta a una demanda explícita de las mujeres pacientes de cáncer que solicitaban apoyo psicológico en esos momentos tan difíciles.

 

¿Existen diferencias de género en referencia a la demanda de apoyo psicológico?

Lamentablemente sí que hay una diferencia escandalosa. En los tres años y medio que lleva en marcha el proyecto “Acompañados” no ha habido ningún paciente hombre que haya solicitado participar en el grupo. Parece ser que la idea de que los chicos no lloran todavía está muy arraigada en la sociedad. Creo que todavía se necesitan unos cuantos años para que la sociedad entienda que los hombres también sufren, aunque lo manifiesten de manera diferente que las mujeres.

 

¿Qué papel juegan las ONG y las asociaciones sin ánimo de lucro en este ámbito profesional?

Creo que juegan un papel muy importante porque llenan el vacío que dejan tanto el sistema de sanidad público como el privado en la atención psicológica de los pacientes oncológicos. Son estas asociaciones y ONG las que acaban ocupándose de los aspectos emocionales con terapias de grupo, del cuidado del cuerpo con entrenamientos específicos y del cuidado estético, por ejemplo, enseñándolas a maquillarse. También ofrecen un gran abanico de actividades lúdicas.

 

El proceso oncológico tiene un fuerte impacto psicológico en los pacientes, sobre todo a nivel personal y emocional. ¿Cómo describiría su tarea como psicóloga en este contexto?

Como bien dices, el impacto emocional es tremendo y la tarea de los psicólogos acaba siendo un trabajo muy agradecido. Mi tarea consiste en proporcionar a las pacientes el espacio y el ambiente adecuados para que puedan expresar sus sentimientos con libertad y facilitarles las herramientas para afrontar los momentos más complicados de ansiedad. También es muy importante ayudarlas a reducir el estrés que les producen los tratamientos. La clave consiste en generar una dinámica interna en el grupo para que puedan intercambiar experiencias comunes e información práctica, además de crear un punto de apoyo emocional durante todo el proceso. Se ha demostrado que los grupos de apoyo son más efectivos que el apoyo individual gracias a la fuerza que tiene compartir las experiencias con personas que se encuentran en la misma situación.

 

¿Qué inquietudes acostumbran a plantear las pacientes que acuden a terapia? ¿Qué necesidades tiene este colectivo en comparación con pacientes de otras enfermedades?

Aparte de la gran necesidad de ser escuchadas, comprendidas y contenidas, te sorprendería saber que el “problema” que más les acostumbra a preocupar es la pérdida del pelo. Es algo tan propio de la identidad femenina que lo pasan fatal. Por este motivo nos alegramos mucho cuando, con el paso de las sesiones, se sienten libres de quitarse la peluca delante de las compañeras por culpa del calor o simplemente por comodidad porque es una señal inequívoca de la buena marcha del grupo.

 

El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer. ¿Qué cuestiones deberíamos reconsiderar en la atención que se ofrece a este colectivo de pacientes?

Creo que hay un desequilibrio entre la gran oferta de avances médicos y tratamientos científicos para el cáncer y muy poca (por no decir ninguna) oferta de apoyo o acompañamiento psicológico durante el duro proceso oncológico y sus tratamientos, así como las secuelas que dejan. Debería considerarse al paciente como un todo y no solo enfocarse en la enfermedad. Son numerosos los estudios que avalan la importancia de la salud mental en los procesos oncológicos. Por ejemplo, el estudio de 2018 ”La atención psicológica al paciente de cáncer en España” dirigido por Santiago Pérez Camarero destaca la importancia que los profesionales de la salud conceden a la intervención psicológica en los pacientes con cáncer y el rol que esto juega a lo largo de todo el proceso: comunicación del diagnóstico, tratamiento oncológico, intervención quirúrgica, aceptación del final de vida y cuidados paliativos. También subraya la necesidad de promover la intervención psicológica.

 

El coronavirus está generado unas reflexiones muy potentes en ámbitos sociales y asistenciales. ¿Ha llegado a alguna conclusión personal vinculada a su trabajo con pacientes de cáncer?

Curiosamente, el diagnóstico de cáncer es tan crucial en la vida de estas personas que el Covid-19 no les ha supuesto un cambio tan drástico como al resto de la población. Al contrario, han asumido la pandemia casi mejor que el resto de la gente porque los tratamientos que siguen para el cáncer ya las han “entrenado” para un cierto tipo de confinamiento. Es más, te diría que la mayoría ha conseguido hacer una lectura positiva de la enfermedad, del mismo modo que algunos también hemos podido hacerlo de la pandemia. A lo mejor suena raro, pero creo que ellas tienen ventaja. Me refiero a que en estos momentos hemos tenido que centrarnos en sacar lo mejor de nosotras, en aprovechar el tiempo, en exprimir la vida… y las pacientes suelen aprender todo esto con el cáncer. El resto de gente lo hemos aprendido ahora con la pandemia.

 

¿Qué crees que tu formación como psicoanalista aporta a esta experiencia laboral?

La formación psicoanalítica no solo aporta muchas cosas importantes a esta experiencia laboral, sino que también es la base de mi manera de entender el funcionamiento mental. Dentro de la formación psicoanalítica todos pasamos por un psicoanálisis personal, que en mi caso particular ha resultado clave para poder soportar todas las ansiedades vinculadas a la muerte que se ponen en juego en las sesiones del grupo de apoyo a pacientes con cáncer que organiza Pulseras Rosas.

 

Para terminar la entrevista, ¿podría contarnos en qué proyectos está trabajando actualmente y qué inquietudes tiene a nivel profesional?

Aparte de la clínica privada y del proyecto “Acompañados”, tengo alumnos de prácticas de psicología de la Universidad Loyola. Cuando la situación sanitaria lo permita, también quiero retomar los talleres para padres que he impartido anteriormente y que me gustan mucho porque son una forma de aplicar la experiencia a un grupo más amplio. En estos talleres se afronta la educación de los hijos de una manera respetuosa y empática para que la tarea de educar sea menos estresante y más gratificante de lo que resulta muchas veces.