Por Ester Palerm

 

Virginia Ungar es la actual presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional y fue la primera mujer psicoanalista elegida para este cargo desde que Sigmund Freud y un grupo de colaboradores fundaron la API en 1910. Inició su presidencia en 2017 y finalizará en el año 2021. Es una médica psicoanalista argentina, especialista en niños, adolescentes y adultos. Antes de ser presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional, ocupó diversos cargos en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. También ha publicado artículos en revistas científicas, ha colaborado en libros y se dedica a la docencia. Es miembro del Comité Editorial de varias revistas psicoanalíticas.

 

¿Qué crees que cambió en la sociedad para que una mujer pudiera ser elegida como la primera presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional?

Podría decir que ha cambiado casi todo. Cuando nació el psicoanálisis, en plena era moderna, el hombre ocupaba un lugar central en la familia y en la vida pública. No era posible pensar en que una mujer pudiera liderar una organización, aunque en nuestro campo las mujeres han tenido un lugar relevante desde los comienzos. Solo para mencionar algunas: Sophie Morgenstern, Anna Freud, Melanie Klein, Esther Bick y Hanna Segal, entre otras. Cuando se critica a Freud por sus ideas acerca de la mujer como un continente oscuro, no se tiene en cuenta el contexto. No se trata de las ideas porque no se puede pensar una teoría y una práctica sin tener en cuenta el contexto histórico. Ha cambiado el lugar de la mujer en la sociedad, aunque todavía hay mucho por hacer. La desigualdad de oportunidades de la mujer para el acceso a las mismas posiciones que los hombres aún permanece. La violencia contra la mujer sigue en aumento y el no-reconocimiento del trabajo no remunerado persiste. Desde mi punto de vista, lo que ha cambiado radicalmente es que se han organizado colectivos de mujeres a los que luego se han sumado los hombres para hacerse oír y reclamar cosas. Con la apropiación de los espacios públicos, acción que Judith Butler considera como performativa, se ha inaugurado una nueva manera de hacer política. Y ya no hay forma de que se vuelva atrás.

 

¿Podríamos decir que el género influye en el liderazgo?

Creo que el género tiene influencia en la manera de liderar, pero esto tiene más que ver en cómo hombres y mujeres son percibidos por los demás y qué expectativas generan en la sociedad. Históricamente, todavía es muy reciente el liderazgo femenino en las instituciones. Si bien las mujeres tuvimos que ganarnos este lugar, hay estudios que muestran cómo en los comienzos algunas de las mujeres que han ocupado cargos importantes recurrieron a prototipos masculinos, por ejemplo, a la hora de elegir la vestimenta, el corte de pelo, el tono de voz y algunos ademanes. Ha pasado bastante tiempo, pero algo de todo esto aún subsiste. En el campo de la política es visible, como lo es también la hostilidad que concitan las candidatas mujeres en las expresiones más horribles y denigrantes que aparecen en las redes sociales. Soy consciente de que corro el riesgo de ser criticada por presentar una visión binaria, pero lo femenino (de una mujer o de un hombre) aporta ciertas cosas a la hora de liderar. Mi compañero en este camino, Sergio Nick, vicepresidente de la API, me ha comentado varias veces que lo que en su opinión aporta lo femenino a la tarea de conducción está relacionado con la capacidad de contención frente a momentos muy turbulentos. También a no entrar en rivalidades machistas, terreno en que las discusiones no son productivas. Todos estos temas los explicó mucho mejor Julia Kristeva en Londres en julio de 2019 durante su conferencia titulada “Preludio para una ética de lo femenino”, cuando se refería a la capacidad transformativa de lo femenino y, al final, se dirigía a mí con estas palabras: “Como presidenta de la API, se le solicita y se le solicitará mucho su plasticidad”.

 

¿Cuál crees que es el “mayor enemigo” de la igualdad de género?

Hay enemigos visibles y otros invisibles. Pienso que es mejor no pensar en un solo “enemigo”, sino en la combinación de diferentes factores. La misoginia, como una fuerza profunda e inconsciente de odio hacia la mujer. Hay otros factores que están arraigados profundamente desde hace siglos y que todavía se mantienen porque están relacionados con la forma en que tanto la feminidad como la masculinidad se han construido a lo largo de la historia de la humanidad. Para mencionar algunos ejemplos, el proceso de silenciamiento de la voz de la mujer que comenzó hace siglos. Mary Beard lo encuentra en la “Odisea” cuando Telémaco hace callar a su madre y ella se retira a su habitación.

 

¿Cómo debemos entender la construcción de la masculinidad?

El otro factor que merece mi atención en esta época y que me alegra profundamente que ahora se esté estudiando con mucha profundidad es cómo se construyen las masculinidades. No es posible deconstruirlas si no se estudia en profundidad y con una perspectiva histórica cómo se han armado. Para salir del binarismo y hacer todo este trabajo de deconstrucción, que es crucial en nuestra época, debemos estudiar cómo se han construido y se siguen sosteniendo los prototipos masculinos. El psicoanálisis tiene mucho que aportar y lo viene haciendo desde hace muchos años con el COWAP, pero también debemos pedir con mucha convicción a los políticos y a los gobiernos que inviertan en educación y en salud pública, y que los temas de género y de prevención de la violencia de género se incluyan en los programas de escuelas y universidades.

 

¿Dónde acaba la implicación del psicoanálisis en la sociedad y dónde empieza la implicación política?

No se me escapa que esto corresponde al terreno de la política, pero todos sabemos que no hay nada que no sea político. A pesar de que la política está mal vista y ha perdido credibilidad, creo que son algunos políticos los que han hecho daño a la participación de los ciudadanos con su conducta no ética y su mal liderazgo. Esta pandemia nos ha demostrado que nociones como el cuidado de uno mismo y del otro, y la solidaridad tienen una fuerte presencia en la sociedad. Esto me hace ser optimista en el futuro del psicoanálisis y me anima a seguir apostando por su presencia en la comunidad.