Por David Moreu

El próximo 20 de noviembre se celebrarán en formato online las XXXV Jornadas de la Revista Catalana de Psicoanàlisi con el tema de la identidad de género como eje central de las ponencias. Uno de los participantes destacados de esta edición marcada por la pandemia es el doctor Sabel Gabaldón, psiquiatra infantil, máster en bioética, coordinador de la Unidad de Identidad de Género del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y coordinador del Comité de Ética Asistencial (CEA) del mismo hospital. Hemos conversado con él para conocer más detalles sobre su trayectoria profesional y cómo se están adaptando los profesionales de la salud mental a la cuestión de la variabilidad de género en niños y adolescentes.

 

Propongo empezar por el principio de su carrera. ¿En qué momento confluyeron la psiquiatría y los temas de identidad de género?

Coincidió con el aumento de la demanda por parte de familias, niños, adolescentes y profesionales de la salud preocupados por la variabilidad de género o “comportamientos de género no normativos” en niños y adolescentes. Estas demandas han ido en constante progresión en los últimos 10-15 años. Aunque también se aprecia un cambio en la conducta de las familias de los niños y adolescentes trans. Antes, los padres acudían a nuestra consulta para tratar de resolver el problema del hijo o hija con el objetivo de que se “curase”. Últimamente, en la mayoría de los casos demandan la adquisición de herramientas, información y conocimientos para comprender, atender y acompañar a sus hijos, respetarlos y aceptarlos tal como son.

 

Participará en las Jornadas de la Revista Catalana de Psicoanàlisi, que este año giran en torno al tema “identidad de género”. ¿Se trata de un constructo biológico, psicológico, cultural o social?

En la configuración de la identidad de género intervienen no solo factores biológicos y genéticos, sino también elementos simbólicos, psicológicos, sociales, culturales y estrategias de poder que son condicionantes muy importantes en la construcción de la identidad personal. Hoy se afirma que las personas no nacemos hechas psicológicamente como hombres o mujeres, sino que la constitución del género es el resultado de un largo proceso, de una cimentación, que se va fraguando en una interacción con el medio familiar, social y cultural. Debemos entender la forja de la identidad como un proceso continuo y permanente, sujeto a los cambios que observamos en los otros, en los contextos sociales, en las experiencias individuales y, por supuesto, está vinculada a los costos y ganancias que se desprenden de estas.

 

En la sociedad actual parece que el género ha dejado de ser binario. Desde su punto de vista, ¿cómo responde la sociedad a este hecho?

Nuestra sociedad sigue siendo profundamente binarista y mantiene los estándares normativos propios de la sociedad occidental y de nuestra cultura. La antropóloga norteamericana Gayle Rubin, cuando analizaba las jerarquías sexuales y de género, comentaba que las sociedades occidentales aceptan primero a los gais, más adelante a las lesbianas y, solo mucho más tarde, se ocupan de las personas trans, cuyas necesidades y derechos tardaron mucho en ser reconocidos. Pero es cierto que irrumpen cada vez con más fuerza las concepciones no binaristas respecto al género, promovidas sobre todo por el movimiento y las teorías queer.

 

Distintos colectivos han contribuido a normalizar esta situación en la sociedad. ¿Qué dudas o temores acostumbran a plantear los padres con hijos que se cuestionan su identidad de género? ¿Qué consecuencias puede tener ignorar estas señales o conductas?

La duda fundamental de los padres es la incertidumbre respecto a la persistencia o no de la variabilidad de género y el sufrimiento asociado a su situación, sobre todo derivado del rechazo social y escolar. El miedo y la presión social pueden llevar a actitudes de negación por parte de la familia con la consecuencia de aumentar el sufrimiento y el malestar de los niños y adolescentes. Pero también existe la presión de colectivos trans que abogan por un passing acelerado de los niños, buscando un acomodo en el género sentido dentro del binarismo socialmente aceptado.

 

¿Qué finalidad debe tener la ayuda de los profesionales de la salud mental y qué papel juegan tanto la escuela como el círculo social en el proceso de aceptación?

La finalidad fundamental es el acompañamiento y el apoyo. Tal como he comentado, nuestra aportación debe ser una adecuada gestión de la incertidumbre tanto en los niños como en sus familias. Los profesionales de la salud mental deben tener una formación y una sensibilización que consideren esencial la perspectiva de género y la interseccionalidad. El papel de la familia, de la escuela y de la sociedad en general es fundamental. En el caso de niños que reciben apoyo de sus familias, profesores y compañeros, vemos que se minimiza el grado de sufrimiento.

 

Para una persona transexual, la terapia hormonal y la cirugía pueden ser una solución más inmediata, pero estas decisiones pueden tener unas implicaciones psíquicas y de ajuste entre el estado mental y el cuerpo reconstruido que necesitan un tiempo de elaboración. ¿En qué situaciones está indicado iniciar un tratamiento hormonal y/o una intervención quirúrgica? ¿Cómo es el proceso de adaptación posterior y qué acompañamiento profesional se realiza?

En nuestra unidad atendemos a niños y adolescentes hasta los 18 años de edad y las intervenciones médicas que se aplican son al inicio de la pubertad, en el estadio 2 de la denominada escala de Tanner. En un principio consisten en tratamientos “bloqueadores” de la pubertad, que son totalmente reversibles y que se inician cuando el adolescente experimenta un malestar cada vez más intenso por los rasgos secundarios sexuales propios de la edad y el rechazo a los mismos. Estos casos son los que piden intervención médica a este nivel. Más adelante, y con un estricto control endocrinológico, se puede administrar el tratamiento hormonal propiamente dicho. Siempre bajo la demanda de la propia persona y con una adecuada información de los efectos y consecuencias de su aplicación. Para las intervenciones quirúrgicas potencialmente irreversibles se requiere la mayoría de edad de la persona implicada. Aunque, en algunos casos, iniciamos la demanda de los mismos a los servicios que los realizan. En muchos adolescentes el inicio del tratamiento bloqueador u hormonal supone un claro alivio de su malestar, pero hay algunos casos en los que esto no sucede. Debemos recordar que el cuerpo puede ser el lugar donde se manifiesta el malestar, pero no es la fuente del malestar trans.

 

Hace décadas, en algunos países europeos como Francia, era necesario pasar por una terapia psicológica antes de iniciar un tratamiento médico hacia el tránsito. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Esta situación ha cambiado. La actitud de los profesionales de la salud mental debe ser de apoyo y acompañamiento, pero dejamos de tener la facultad de determinar las formas de entender y de vivir las identidades y expresiones de género, las orientaciones y las prácticas sexuales, y las transformaciones corporales que, en su caso, puedan llevarse a cabo. Este hecho no se contradice con realizar una adecuada valoración psicológica que descarte la expresión de psicopatologías a través de la identidad trans.

 

¿Cuáles son los protocolos de actuación en la Unidad de Identidad de Género del Hospital Sant Joan de Déu cuando llega una familia con un niño/adolescente que se cuestiona su identidad de género?

Primero se realiza una valoración por parte de los profesionales de la salud mental de la unidad. En caso de demandas de niños pequeños, esta valoración primero se realiza con los padres. Valoramos también la procedencia y, en los casos necesarios, la comunicación con los derivadores: pediatras, centros de salud mental o centros de acogida. En los casos necesarios, y cuando hay demanda de intervención, procedemos a la valoración por parte de las endocrinólogas de la unidad. Paralelamente se realiza una entrevista con el trabajador social.

 

A lo largo de su recorrido profesional también se ha interesado mucho por la ética. ¿Qué implicaciones de carácter ético ha observado en la diversidad de género?

Los aspectos éticos siempre están implícitos en la escena clínica. Cuando tomamos decisiones clínicas respecto a un diagnóstico o un tratamiento, estamos tomando decisiones éticas. Por lo que respecta a las personas trans, realizo una reflexión ética ante los intervencionismos exagerados o las exclusiones propias de rigideces o intolerancias ideológicas y culturales que se dan en la asistencia a la infancia y adolescencia trans, así como en su patologización.

 

Para terminar, ¿qué enfoque quiere dar a su participación en las Jornadas de la Revista Catalana de Psicoanàlisi? ¿Cree que hay algún aspecto sobre la identidad de género que debería tratarse más?

En primer lugar, me gustaría poner el acento en que, en la infancia y la adolescencia, tanto las identidades trans como las diversas expresiones de género no constituyen un trastorno mental. Que las variaciones en la identidad de género y las expresiones de género son aspectos normales y forman parte de la diversidad humana. También dejar claro que las definiciones binarias de género no siempre reflejan la identidad de género emergente. Y que, en caso de que exista un problema de salud mental, con mayor frecuencia proviene del estigma, del rechazo y de experiencias negativas, en lugar de ser intrínseco a la infancia o propio de las diferentes categorizaciones médicas en relación con la transexualidad.