Por Eileen Wieland  

La investigación psicoanalítica de los procesos psíquicos inconscientes en la organización social nos permite comprender las dinámicas que surgen ante el fenómeno migratorio. Desarrollaré este artículo breve a partir de dos autores que han aportado conceptos fundamentales que, a mi entender, nos ofrecen algunos indicios para abordar la complejidad de este hecho en estos últimos años. Por un lado, Klein nos provee con su importante contribución de la descripción del funcionamiento mental: la posición esquizoparanoide y depresiva. Por otro lado, Bion con el concepto de contenido y continente.

La llegada de migrantes a una comunidad es percibida como una amenaza, alimentando ansiedades paranoides. Esta reacción natural y primitiva de nuestro funcionamiento psíquico es utilizada y manipulada por intereses políticos y económicos. La realidad actual nos muestra un espectro amplio de ejemplos de estos usos. Los medios de comunicación nos invaden tanto con imágenes de pateras llenas de personas o bien de gente que busca llegar a Europa saltando vallas imposibles.  El inmigrante es, por tanto, demonizado y se convierte en un blanco excelente para su manipulación con intereses vicarios.

En consecuencia, la sociedad es dividida en “ellos” y “nosotros”, facilitando la proyección en “ellos” de todos los fracasos que “nosotros” no puede hacerse cargo. Manteniéndolos en centros hacinados, en campamentos precarios y en el limbo judicial facilita para “nosotros” la negación de realidades insoportables que nos permite continuar viviendo anestesiados. Esta reacción grupal es la expresión de un funcionamiento primitivo de defendernos de la amenaza del “otro”. Una estrategia inconsciente que impide una percepción realista de los retos sociales actuales.

Nuestra aportación como psicoanalistas consiste en identificar las pulsiones primitivas que, inevitablemente, se movilizan ante el reto de la migración y contribuir a apaciguarlas

¿Cómo puede la comunidad tratar las diferencias? Basándome en la aportación de Bion, se pueden identificar las siguientes modalidades:

1.- El grupo puede excluir a los recién llegados porque son percibidos como una amenaza que viene a usurpar el status de sociedad del bienestar. Este es un argumento fácil y repetido en las campañas electorales de líderes destructivos.

2.- El grupo que recibe puede sucumbir al recién llegado. El continente es destruido por el contenido. La colonización es un buen ejemplo de la destrucción y de la masacre de las culturas indígenas.

3.- El grupo que hospeda puede aceptar a los recién llegados, minimizando su identidad de tal manera que la diferencia quede anulada. El continente sofoca el contenido. Por ejemplo, cuando los gobiernos tratan de controlar la expresión cultural propia de los diferentes colectivos (entre otras cosas, el uso de hiyab).

4.- El grupo receptor puede tolerar el desafío y la consecuencia que supone: ser transformado. Aquí, continente y contenido tienen una relación simbiótica que puede derivar en crecimiento y desarrollo mutuo. Esta puede ser una perspectiva idealista que quizás raras veces puede conseguirse, pero que me parece que será el desafío de la futura sociedad.

En tanto que humanos que vivimos en comunidad, nuestra aportación como psicoanalistas consiste en identificar las pulsiones primitivas que, inevitablemente, se movilizan ante el reto de la migración y contribuir a apaciguarlas en pos de una integración que siempre será más creativa que vivir con una amenaza. Cuando predominan estas pulsiones primitivas, la capacidad de integrar, pensar y reflexionar (también propias del ser humano) se pierden y el grupo se ve abocado, inevitablemente, a soluciones que obstaculizan la creación de sociedades heterogéneas con diferentes identidades y con el consecuente enriquecimiento mutuo.

 

* Versión resumida y actualizada del trabajo presentado en las Jornadas de Psychoanalysis and Politics: “Migration, Exile, Poliphonic Spaces” realizadas en Barcelona en marzo 2015.