Somos Nicolás, Aníbal, Sara y Míriam. Nuestra historia se inicia en septiembre de 2017, en Barcelona. Fuimos alumnos de la XV edición del Máster en Psicoterapia Psicoanalítica para la Red Pública de Salud Mental organizado por la Universidad de Barcelona (UB) y la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP). Entonces éramos cuatro jóvenes psicólogos que no se conocían y cada uno tenía un recorrido diferente, pero con algo en común: la motivación para ahondar y aprender cosas nuevas sobre el psicoanálisis. Podemos afirmar que nuestra inocencia e ilusión para adentrarnos en este mundo casi desde cero fue un factor que muy pronto nos unió. En aquel momento se juntaron los intereses académicos con algo muy íntimo (nuestra ingenuidad), dando pie a que también empezaran a entrar en juego aspectos más personales.

A lo largo de nuestra formación, fuimos configurando un grupo que fue modificándose y definiéndose en el tiempo. La experiencia de trabajar en un grupo pequeño favoreció un clima grupal de intimidad, generando así una mayor facilidad para la expresión y la vinculación. Nuestro recorrido por el psicoanálisis fue apasionante, probablemente influido por la cohesión que había entre nosotros y también con el profesorado. Solo hace falta recordar las experiencias del primer año, un curso que iniciamos con mucha curiosidad e ilusión, y que estaba centrado en obtener una buena base de conocimiento psicoanalítico para, posteriormente, adentrarnos en la técnica. El módulo de “Bases teóricas en psicoterapia psicoanalítica” nos apasionó porque nos permitió entender el origen y el progreso del psicoanálisis. También leímos por primera vez a Freud y a los autores post-freudianos, pudimos comprender la psicopatología desde una mirada psicoanalítica y empezamos a conocer las bases de la técnica de la psicoterapia.

Entonces éramos cuatro jóvenes psicólogos que no se conocían y cada uno tenía un recorrido diferente, pero con algo en común: la motivación para ahondar y aprender cosas nuevas sobre el psicoanálisis.

A continuación, iniciamos las prácticas como psicoterapeutas de orientación psicoanalítica en diferentes centros de la red pública de salud mental y fue gracias a los espacios de supervisión que pudimos compartir nuestras dificultades, nuestros aprendizajes y nuestras dudas como psicoterapeutas. Poco a poco, nos fuimos convirtiendo en un conjunto de estudiantes de psicoterapia que aprendió a trabajar grupalmente y que fue incrementando el deseo de aprender y de compartir precedentes. Fue a partir del segundo año que empezamos a sentirnos más seguros, ya que empezaban a consolidarse los conocimientos gracias a la experiencia. Fue un segundo año de mucho trabajo con el objetivo de adentrarnos en la técnica psicoanalítica y, a la vez, un año en el cual sentimos que la cohesión grupal se afianzaba.

Desde las primeras referencias teóricas de las docentes sobre qué es un grupo y cómo se conforma, muchos de los conceptos nos remitían a nuestra propia experiencia grupal como estudiantes. Siguiendo el pensamiento de Bion, en un primer momento podríamos caracterizarnos según el supuesto básico de “dependencia: un grupo pasivo que acepta el dogma / un grupo formado por un profesor y sus alumnos. El grupo sostiene aquí la convicción inconsciente de que está reunido para que alguien (de quien el grupo depende) provea la satisfacción de todas sus necesidades y deseos. La UB y la SEP desarrollaban dicha función. En este período inicial, la autonomía grupal era restringida y tanto los encuentros como las tareas estaban marcados por otras personas. Pero, poco a poco, nuestro grupo fue cogiendo forma, aumentando su autonomía, buscando encuentros y tareas fuera del máster, aunque también con un “líder” que impulsaba estas propuestas. Con el paso del tiempo, las tareas se fueron ampliando (divertirse, intimar, grupo de supervisión y lecturas) y el rol del “líder” también se fue repartiendo más, hasta lograr ser un grupo, pero diferenciándonos los unos de los otros, conteniendo nuestras angustias diarias y, finalmente, la separación. Podríamos pensar en una evolución que nos convirtió en un “grupo sofisticado”. Cuando un grupo llega a este momento es porque logra un contacto con la realidad, reconoce la necesidad de evolucionar y trabaja con un objetivo lógico por encima de los supuestos básicos.

Nuestra relación ha permitido el desarrollo de nuestro aprendizaje (individual y grupal), ha fomentado la capacidad de integrar conceptos y también ha contribuido a la creación de un vínculo emocional.

De acuerdo con los planteamientos de Bion, podemos pensar que el grupo en sí mismo contiene mediante sus lazos afectivos. Es decir, nuestra relación ha permitido el desarrollo de nuestro aprendizaje (individual y grupal), ha fomentado la capacidad de integrar conceptos y también ha contribuido a la creación de un vínculo emocional. El grupo pasó progresivamente de una actitud receptiva y pasiva a una de más proactiva. A medida que el curso transcurría (con contenidos como “Psicoterapia focal”, “Psicoterapia familiar”, “Psicoterapia de grupos”), íbamos viendo cómo se enriquecía nuestro aprendizaje, algo imprescindible para un cambio psíquico, tal como apuntaba Badaraco. Con las clases ordinarias y las supervisiones grupales conformamos un grupo de trabajo que evolucionó hasta convertirse en un grupo de colegas gracias al vínculo de la amistad. Foulkes definía la matriz grupal como la red de relaciones afectivas entre integrantes. Dichos vínculos fueron tejiéndose a partir de las experiencias emocionales vividas a lo largo de los dos años de formación que vivimos en el Máster en Psicoterapia Psicoanalítica para la Red Pública de Salud Mental.

Actualmente, el grupo transita por un momento diferente. El máster ha finalizado y el grupo se ha transformado. Con este texto queríamos transmitir y agradecer la experiencia vivida en esta formación tanto por su contención como por su contenido. A día de hoy, podemos decir que gracias a los diversos contenidos aportados por el máster y pese a que el grupo (como vínculo múltiple) cambia, las aportaciones académicas nos han permitido tener una experiencia suficientemente buena como para poder manejar con cautela, seguridad y respeto a las personas que tratamos. Esta experiencia ha suscitado nuestro interés para crear, descubrir y conocer cosas nuevas en aras de adentrarnos en una profesión por la que sentimos un gran afecto y devoción.

 

Aníbal Ortiz Listur

Nicolás Morales Villareal

Sara Expósito Ibáñez

Míriam Ruiz Busto