Captura de pantalla con imagen de los Analistas en formación

 

El pasado 2 de mayo, los analistas en formación del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona (IPB) de la SEP organizaron un encuentro de reflexión en formato virtual con el propósito de crear un espacio para compartir dudas e ideas sobre la situación que vivimos actualmente con la pandemia por Covid-19. Para abrir el espacio, Erika Barba-Müller y Maribel Iglesias presentaron unas breves sinopsis de cuatro webinars de la IPA en los cuales participaron. En ellos se hacía referencia al hecho de que esta crisis es una experiencia traumática por la velocidad en que se ha producido y por las muertes que causa, revelando la fragilidad humana.

Los analistas han tenido que cambiar el setting de forma rápida, pasando a trabajar en remoto. Muchos coinciden en que el uso de la pantalla requiere un esfuerzo de concentración extra y lleva a un estado de fatiga, siendo más cansado mantener el setting interno y la atención flotante. Por este motivo parece necesario un mecanismo de escisión donde el self analítico debe mantenerse escindido del self que está involucrado en la crisis. Hay que contener ansiedades persecutorias y de muerte, tanto de los pacientes como del mismo analista. Lo traumático lo compartimos con nuestros pacientes, estamos involucrados en la misma situación.

En los tratamientos con niños se hace necesario acercar a los padres a la pantalla, flexibilizar el setting y reformularlo junto a ellos porque la sesión no será como era antes de la pandemia. Habrá que tener en cuenta algunos aspectos:

  1. Potenciar el juego creativo que nos permite el entorno virtual (video, fotos, llamadas telefónicas) y utilizarlo siempre y cuando se tenga en cuenta el aspecto de la privacidad.
  2. Construir junto al niño historias o canciones, incluyendo el uso de los emoticonos si esto puede facilitar la expresión de ideas y sentimientos.
  3. Tener en cuenta las pérdidas e incluirlas en el imaginario del niño, tanto de los familiares que enferman como de aquellos que se dejan de ver, además de los amigos de la escuela.

Durante el debate, moderado por Paola Rossi, los analistas en formación compartieron los cambios vividos debido a las nuevas circunstancias de trabajo. Muchos coincidieron en la metáfora de que esta situación es como estar en una casa de acampada y es necesario reconocer que nos estamos readaptando haciendo todo lo posible. Cada uno ha ido creando un nuevo encuadre junto con el paciente para adecuarse a las necesidades del momento porque, en muchos casos, habían empezado con encuentros presenciales. Otra idea muy común es el reto de adaptarse y reinventarse ante la nueva situación, aportando las modificaciones necesarias, como puede ser la reducción de honorarios. Se vuelve fundamental tolerar “el no saber”.

También se hizo hincapié en la dificultad para pensar y elaborar como personas y analistas (sobre todo en los inicios de la crisis) y en la dificultad de encontrar un espacio “elaborativo” por el choque de una situación que ha llegado de manera repentina. En algún caso se recordó como el sistema límbico, el más primitivo, es el primero que se pone en marcha ante esta situación. Las ansiedades nos invaden y nos hacen colapsar, dificultando el acto de pensar a corto plazo. La situación no permite ni siquiera deprimirse, algo que debe considerarse y quizás dejarlo llegar.

El trabajo analítico se ve caracterizado por una peculiar ausencia de separación. Por un lado, el analista entra en la propia casa del paciente. Por otro lado, desaparece el espacio físico del camino hacia el analista y esto hace que no haya el espacio mental del camino hacia lo interior, hacia la introspección del análisis. En el trabajo on-line se da la curiosa situación de ser dos mentes juntas, pero los cuerpos están separados, y esta es una disonancia que cansa. Se utilizan más los estímulos visuales y no tanto los corporales.

La mayoría de los analistas en formación comentaron haber seguido trabajando a distancia con sus pacientes, menos algunos casos que no lo han aceptado o cuyas condiciones no lo permitían. Se mencionó también el haber empezado tratamientos a distancia con pacientes nuevos, lo cual resulta aún más novedoso y nos pone en un terreno de incertidumbre mayor porque, previamente, no hemos podido crear un setting interno con el paciente.

El encuentro concluyó con unas preguntas que quedan abiertas:

  • ¿Cómo nos reorganizamos? ¿Cómo readaptaremos el encuadre habitual a las nuevas normas de protección?
  • ¿De ahora en adelante, el teletrabajo tendrá quizá otro espacio?
  • Seguramente habrá un cambio en las relaciones sociales, en los usos comunes de encontrarse, abrazarse y besarse. ¿Cómo nos afectará?

Unos interrogantes que se quedan sin respuesta y que sugieren la necesidad de tener otro encuentro próximamente. Este debate contó con aportaciones desde lo más personal, valorando la importancia de haber podido generar un espacio donde pensar juntos y encontrar apoyo en un momento de tantas dudas e incertidumbre. Sonaba una nota de alegría por vernos las caras, escucharnos las voces y compartir pensamientos en un clima de apoyo que nos ha ofrecido una ventana hacia el exterior desde el confinamiento.

 

Francesca Spanó