Por Isabel Laudo, Guillermo Bodner y Antonio Pérez Sánchez.

De izquierda a derecha: Henry Odell, Ana Ferrer y Antonio Pérez-Sánchez.

El pasado 7 de noviembre tuvo lugar en la SEP la presentación de la segunda edición revisada, corregida y actualizada del libro “Entrevista e indicadores en psicoterapia y psicoanálisis” de Antonio Pérez Sánchez. El acto contó con la participación del propio autor, además de Guillermo Bodner, Isabel Laudo y el editor Henry Odell, que destacó: “El estilo llano y claro del autor en el tratamiento de un tema complejo y de tanta importancia”.

 

 

De izquierda a derecha: Isabel Laudo, Ana Ferrer y Antonio Pérez-Sánchez.

Para empezar, Isabel Laudo seleccionó diversos puntos de interés del libro, tanto de aspectos relativos a la técnica como a propuestas conceptuales. Destacó la comprensión de la dinámica y de la técnica de la entrevista, además de una “interesante” elaboración propia de indicadores psicodinámicos que permiten valorar si el paciente es susceptible de necesitar una ayuda psicoterapéutica o psicoanalítica. Señaló que el autor describe con detalle lo que acontece en la entrevista psicodinámica, cómo la entiende, qué elementos deberían tenerse en cuenta y, a la vez, muestra el vértice desde el que observa lo que acontece en ella, siempre en relación a su modelo de la mente. Subrayó como aspecto conceptual interesante la mirada hacia el propio entrevistador, haciendo hincapié en las ansiedades, defensas y expectativas de éste. También subrayó la necesidad de que adopte la función de observador participante, mediante el desdoblamiento entre la parte que está inmersa en la dinámica transferencia-contratransferencia ―tormenta inconsciente― y la parte que puede observar y comprender lo que sucede. Mencionó que Antonio Pérez-Sánchez alude a varios debates vigentes en la comunidad psicoanalítica. Por ejemplo, el de las diferencias específicas entre psicoterapia psicoanalítica y psicoanálisis, más allá del setting. También si el proceso diagnóstico constituye ya el inicio de un proceso analítico (o terapéutico) o si ambos deben diferenciarse.

De izquierda a derecha: Guillermo Bodner, Ana Ferrer y Antonio Pérez-Sánchez.

A continuación, Guillermo Bodner afirmó que este libro está al servicio de la formación de psicoterapeutas y psicoanalistas, y que complementa de una manera valiosa el estudio de los autores de referencia. Explicó que la psicoterapia y el psicoanálisis son tratamientos con objetivos distintos, pero con una base teórica similar. A este respecto Antonio Pérez Sánchez escribe: “Hemos de reconocer que, en nuestro caso, se trata de una entrevista especial, porque se halla a medio camino entre la entrevista psiquiátrica y la actitud de escucha psicoanalítica”. Según él, el autor plantea un estudio detallado de las diferentes maneras de entender la entrevista en el campo de la salud mental, de la psicoterapia y del psicoanálisis.  Se trata de la comprensión dinámica de las entrevistas para valorar el tipo de abordaje. Esta evaluación busca “indicadores psicodinámicos”: datos observables a partir del relato del entrevistado y de la dinámica de la relación con el terapeuta. Destacó la visión del autor de plantear el tratamiento en función del paciente y no sólo de la psicopatología: “La tarea propuesta es ayudar al paciente a comprender mejor su realidad psíquica”. La conveniencia de no limitar a una sola entrevista se basa también en observar la evolución de la demanda que tiene valor como indicador y permite observar los niveles conscientes e inconscientes del vínculo. Por último, hizo referencia a que el autor lanza cuestiones de actualidad referidas a la transferencia, la contratransferencia, la teoría del campo, las fantasías compartidas, etc.

Finalmente, Pérez Sánchez explicó los motivos que justifican la segunda edición de un libro publicado hace diez años. En primer lugar, que algunas de las ideas todavía tienen validez. Entre ellas destacó la importancia de las primeras entrevistas (no siempre suficientemente reconocidas) para decidir el tratamiento idóneo para el paciente, así como la necesidad de que el profesional se esfuerce en sistematizar algún procedimiento. Otra idea es la propuesta de los denominados “indicadores psicodinámicos” en los que no sólo se tiene en cuenta la psicopatología, sino los aspectos sanos del paciente. El otro motivo que justifica la nueva edición es la aparición de bibliografía significativa sobre el tema y era necesario incluirla y dialogar con la misma. Por último, señaló la convergencia de dos trayectorias personales, ya presentes en la primera edición, pero de manera desigual. La primera recogía la experiencia de aplicación de los principios psicoanalíticos durante las primeras entrevistas en la asistencia pública, lo que ocupaba buena parte del libro. Aunque, a medida que avanzaba la obra, también encontrábamos material teórico y clínico que se adentraba en la clínica psicoanalítica, aunque en menor proporción. La nueva edición amplia el foco de atención, concediendo más espacio al trabajo propiamente psicoanalítico con un capítulo nuevo que revisa el concepto de “analizabilidad”. El autor cuestiona la idea de desterrar dicho concepto por obsoleto pues, a la luz de las aportaciones del pensamiento psicoanalítico contemporáneo, puede seguir siendo válido.