Ester Palerm presentó material clínico de una paciente en análisis en el Encuentro Clínico entre la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) y la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP) que se celebró en Bilbao el pasado 23 de febrero. El acto estuvo coordinado por José María Erroteta, miembro del Centro Psicoanalítico del Norte de la APM.

En las primeras entrevistas se observaron las diferentes maneras de comunicarse de la paciente. A veces parecía un relato de hechos objetivos y no tanto algo vivido en primera persona. Posteriormente se dialogó sobre los diversos tratamientos que había tenido desde la infancia, incluido el último de ellos (con la misma analista) unos años antes. La paciente hablaba con un vocabulario psicoanalítico, que parecía haber aprendido a lo largo de sus tratamientos. Sin embargo, no podía usarlos para comprenderse a si misma. Aunque se valoró positivamente su retorno para pedir ayuda, el contacto que a veces mantenía con su sufrimiento (no tan solo el deseo de desembarazarse de él) y también la cualidad del vínculo con la analista más que la patología en si misma de la paciente.

En la última etapa de presentación se trabajó en varias sesiones correspondientes a los primeros meses de análisis. Las sesiones reflejaban su sentimiento de vergüenza, más que de culpa. Este aspecto se relacionó con su fragilidad narcisista y su temor a defraudar al objeto (en este caso la analista). Esta adaptación al analista se entendió desde el falso “self” de Winnicott. De manera que mediante la adaptación protegía su verdadero “self”, así como la relación con su madre-analista porque se anticipaba a la demanda de ésta y así podía mantener la relación con ella.

El grupo debatió sobre la complejidad técnica de trabajar con una paciente que mostraba una parte narcisista y prepotente, y otras veces se mostraba muy vulnerable y con vivencias de mucha desesperanzada. Se sugirió que sus aspectos narcisistas podían ser defensas ante su historia de desarraigos y para afrontar su desesperanza. Se destacó la importancia de crear un vínculo auténtico entre la paciente y la analista. Para lograrlo, la paciente necesitaba ver a la analista con la suficiente tolerancia y fortaleza para aceptar su desconfianza. Sólo así podría introyectar un objeto confiable y esperanzador para contener y dialogar con su mundo interno. Algo que empezaba a quedar reflejado en el material presentado.