Por Erika Barba-Müller

El sistema nervioso se modifica continuamente de acuerdo a las interacciones con los demás, con el medio ambiente y con determinados cambios fisiológicos. Esta cualidad, llamada neuroplasticidad, es una propiedad intrínseca o estado-en-curso normal del sistema nervioso a lo largo de toda su vida que permite que éste sea moldeado, dentro de unos ciertos límites, para adaptarse mejor al medio externo e interno. La plasticidad cerebral se refiere tanto a cambios funcionales (fisiológicos, cambios en la actividad neuronal) como estructurales (cambios anatómicos, de la morfología física) siendo estos últimos de una cualidad más estable y pudiendo darse como consecuencia de la repetición de los primeros.

Los cambios estructurales pueden consistir en eventos progresivos (procesos formativos como por ejemplo proliferación neuronal, crecimiento neuronal, formación sináptica o aumento de volumen) o en eventos regresivos (procesos de eliminación como muerte neuronal, poda sináptica o disminución de volumen). Aunque los eventos regresivos están generalmente implicados en los trastornos neurológicos o psiquiátricos, también hay eventos regresivos fundamentales para el desarrollo. Así mismo, los eventos progresivos pueden resultar en una adaptación beneficiosa o en lo contrario: un modelo de respuesta desadaptativo. Por lo tanto, sería incorrecto hacer una asociación lineal donde los eventos neuronales progresivos revelan salud y desarrollo, y los regresivos denotan patología.

En cuanto a lo que interesa principalmente al psicoanálisis —los procesos mentales— se ha comprobado que las prácticas o actividades puramente mentales también son capaces de inducir cambios estructurales visibles a nivel cortical. Así pues, la plasticidad cerebral es una consecuencia de la actividad neuronal en general. Los cambios que se dan a nivel de entrada sensorial, acción motora, asociación mental y toma de consciencia dan lugar a cambios en el sistema nervioso que pueden ser evidentes en un plano únicamente funcional o a un nivel anatómico. Del mismo modo, los cambios en el cerebro pueden verse reflejados en el comportamiento, los pensamientos y otras manifestaciones de la mente como las emociones, los sentimientos, los recuerdos e incluso los procesos inconscientes.

Este enfoque contiene la hipótesis de una equivalencia cerebro-mente, donde los estados cerebrales y los estados mentales se consideran dos caras de un mismo proceso, o bien el mismo fenómeno estudiado por diferentes perspectivas. Desde este encuadre, cerebro y mente son inmanentes, como lo son izquierda y derecha. En palabras de Álvaro Pascual-Leonne: “Nociones como procesos psicológicos a diferencia de funciones o disfunciones de base orgánica, pasan a ser únicamente de carácter informativo”. Y en palabras de Antonio Damasio: “El problema —algunos preferirían decir el misterio—, tiene que ver con el modo en que un fenómeno que se considera no físico —la mente— puede influir en el mismo sistema físico que nos mueve a actuar”.