NOTICIAS

//LA INTIMIDAD GENERATIVA EN LA SESIÓN ANALÍTICA

LA INTIMIDAD GENERATIVA EN LA SESIÓN ANALÍTICA

Por Anna Romera Pérez

Contemplo la emergencia de un área y una posición de intimidad, entendida como espacio psicológico, que permita adoptar una posición de contacto con uno mismo, sin confundirlo con el tabú o el secreto, en la que a su vez, se tiene en cuenta la alteridad.

Me parece sugerente la idea de Bion de un aparato psíquico que admita diferenciar entre el adentro y el afuera, favoreciendo la contención de las propias experiencias y pensamientos, al mismo tiempo que se los vivencia y piensa. Un aparato para pensar los pensamientos, quedando, además, esa área de privacidad, al convertirse en algo dinámico, coloreada con las características vitales de ser y existir, de estar desarrollando un sentido de la identidad, de mismidad.

El proceso psicoanalítico puede favorecer la emergencia de dicho espacio como algo nuevo y creativo en la relación mutua de la pareja terapéutica. Una reflexión que me hace pensar en la intimidad como una nueva posición compartida del uno con el otro, a la vez que experienciada individualmente en el aquí y ahora de la sesión terapéutica, donde se pueden ir transformando proyecciones en representaciones mentales, así como tomar consciencia de lo que antes era inconsciente. En la medida de lo posible, facilitado por la contención/rêverie y la comprensión/interpretación en un proceso evolutivo y creativo que se preocupa de aspectos que son selectivamente desatendidos, disociados o reprimidos, y de su entrada en la consciencia. Una intimidad compartida que se construye conjuntamente y en la que se consigue una identificación “introyectiva” con la actitud mental del analista como un objeto vital que mantiene unidas las experiencias del self y que es capaz de conocimiento.

De este modo, el terapeuta, desde su espacio psicológico, recibe las proyecciones del paciente y las comparte con él, ofreciéndole no sólo una explicación, sino que también le transmite un modelo de identificación y de contención que éste irá internalizando paulatinamente, favoreciendo el desarrollo de su propia capacidad transformacional. Algo que, a su vez, irá generando un interior, un espacio mental continente que favorezca el contacto emocional, más permeable y receptivo a las posibles interpretaciones diferenciadoras.

Tras esta reflexión, podríamos afirmar que la relación con el analista puede oscilar de lo más maduro a lo más inmaduro, entre un deseo de intimidad con la consiguiente cercanía y preocupación por el otro, y una “intrusividad” cuyo objetivo sería controlar al otro y considerarlo como una extensión indiferenciada de su self, haciendo uso de mecanismos de identificación proyectiva al servicio de negar la separación. Fomentar la persistencia del objeto y del vínculo emocional favorecería la identificación y el impulso epistemofílico, el conocimiento de la experiencia emocional, la verdad acerca del sí mismo.

2018-07-10T13:41:33+00:00